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ENERGÍA SUSTENTABLE, EL OTRO GRAN DESAFÍO GLOBAL

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En honor a los tres millones y medio de seres humanos muertos, al momento de escribir esta columna, como consecuencia del Covid, deberíamos al menos conocer su origen y reconocer que el manejo global de la pandemia, tanto de su alerta temprana como de las medidas para evitar su propagación hasta la producción y distribución de vacunas, ha sido muy ineficiente y poco digno del grado de desarrollo que la sociedad creía haber alcanzado.

Este sabor amargo que nos deja la experiencia que hemos estado viviendo los últimos quince meses –y que todavía no ha terminado– debe servir de lección a todos los organismos internacionales –no solo a la Organización Mundial de la Salud– para no tropezar dos veces con la misma piedra. En ese sentido, la humanidad enfrenta otro problema acuciante, que pone nuevamente a prueba sus capacidades, el cambio climático, cuyas consecuencias más graves –de no encararlo a tiempo– serán sufridas por las generaciones que nos sucedan. Su solución está íntimamente vinculada con otra necesidad, dar acceso energético a quienes no lo tienen y mejorar la oferta energética en aquellos países que todavía no han alcanzado su desarrollo. Juntos, acceso energético y mitigación del cambio climático, constituyen el principal desafío que enfrenta nuestra generación.

Este desafío llevó a las Naciones Unidas a firmar el celebrado Acuerdo de París, el cual entró en vigor el 4 de noviembre de 2016 al ser ratificado por más de 55 de las partes que integran el Convenio Marco de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático. El Acuerdo establece el compromiso de mantener el aumento de la temperatura global promedio por debajo de los 2°C por encima de los niveles preindustriales (fines del siglo XIX) y continuar los esfuerzos para limitar dicho aumento a 1,5°C, reconociendo que esta acción –a lograr principalmente mediante la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero– disminuirá sensiblemente los riesgos y consecuencias del cambio climático.

Aun con el respiro causado por las restricciones de movilidad aplicadas para manejar la actual pandemia, se generan por año a nivel global cerca de 50.000 millones de toneladas equivalentes de dióxido de carbono, gas que es principalmente producido por la combustión de los hidrocarburos fósiles y que explica cerca del 70% de las emisiones totales de gases de efecto invernadero (GEI).

La emisión de estos gases –sumada a otros factores, como la deforestación, que merma la absorción del dióxido de carbono– y su persistencia en la atmósfera generan el aumento de su concentración en ella. Tomando las mediciones del observatorio de Mauna Loa en Hawái (EE.UU.) como punto de referencia, la concentración de dióxido de carbono aumentó de 370 partes por millón en el año 2000 a 390 ppm en 2010 y a 414 ppm en 2020, respectivamente.

Esta situación ha llevado a un consorcio de organizaciones interesadas en la evolución del cambio climático a efectuar un seguimiento de las temperaturas estimadas del planeta en función de las distintas estrategias de mitigación que se apliquen. Para esto, desarrollaron una herramienta muy simple pero potente, el Climate Action Tracker Thermometer (Termómetro para el Seguimiento del Cambio Climático). Conforme a esta herramienta, la temperatura media global se ubica actualmente 1,2°C por encima de los niveles preindustriales y, teniendo en cuenta las políticas actuales aplicadas, llegaríamos a 2,9°C hacia el fin de este siglo, o a un más optimista 2,4°C si consideráramos las promesas declamadas por los países miembros de la Conferencia de las Partes para el Cambio Climático de las Naciones Unidas. Estos resultados estimados están muy alejados de los objetivos comprometidos cinco años atrás, y aun así exigirían un nivel de esfuerzos muy superior al actual, ya que para alcanzar el objetivo más optimista se debería reducir la emisión de GEI a la mitad del nivel actual de producción.

A partir del reconocimiento de la lentitud en el accionar para mitigar el cambio climático, un conjunto de países, responsables de cerca del 70% del producto bruto y de las emisiones de dióxido de carbono mundiales, ha decidido redireccionar sus objetivos y proclamar alcanzar emisiones neutras (cero) para el año 2050 como forma de lograr el objetivo de largo plazo establecido en el Acuerdo de París.

Con ese mismo fin, y para colaborar en el esfuerzo mayúsculo que significa el objetivo de alcanzar la neutralidad en carbono, la Agencia Internacional de Energía (IEA) ha publicado recientemente un oportuno y exhaustivo trabajo titulado “Emisiones cero para el 2050 – Un camino para el sector energético global”. En dicho documento se establece una hoja de ruta con metas quinquenales para lograr la neutralidad de carbono al 2050, teniendo en cuenta además que para ese año se espera que el producto bruto global duplique al actual y el crecimiento poblacional sea cercano a dos billones de habitantes.

Para lograr ese objetivo se requerirá una acción firme y consistente, que incluye un uso más eficiente de la energía en todos los sectores que la requieren (edificios, transporte, industria, generación eléctrica y de calefacción, entre otros) y cambios de conducta en los patrones de consumo. Asimismo, en las próximas tres décadas –la medida de una generación– veremos concretar la transición de las energías fósiles, que todavía representan el 80% de la matriz energética global, a energías renovables. En ese mismo período, la electricidad pasará a representar el 50% del consumo energético global, frente al actual 20%.

En línea con el nuevo impulso que requiere el desafío de las actuales transiciones energéticas y tal vez en reconocimiento de la necesidad de una acción global coordinada, que el manejo de la actual pandemia no ha demostrado, el grupo de países del G-7 (Alemania, Canadá, Estados Unidos, Francia. Italia, Japón y el Reino Unido) firmaron el viernes pasado en Londres un compromiso de acción, en preparación para la Conferencia de las Partes sobre Cambio Climático (COP26) que tendrá lugar en Glasgow a fines de año, para lograr que sus economías transiten a un objetivo de emisiones cero hacia el 2050 y, de esta manera, enviar al resto de los países una fuerte señal para actuar en ese sentido.

Mientras tanto, en nuestro país, tan dependiente de la energía fósil como el mundo en su totalidad (aunque con la ventaja de que el gas natural, el combustible fósil que menos dióxido de carbono emite en su combustión, domina el 53% de nuestra matriz energética), disponemos también de vastos recursos hídricos, nucleares, bioenergéticos y renovables de altísima calidad que prácticamente no emiten dióxido de carbono. Por ello, atendiendo a las necesidades básicas de nuestra población, deberíamos aunar esfuerzos para proponer, debatir y acordar objetivos de largo plazo que nos ordenen y eleven de la discusión cortoplacista de tarifas y subsidios, porcentaje del corte con biocombustibles, leyes de promoción específicas de distinta índole, y otras cuestiones tratadas habitualmente de manera aislada y ajena a un programa general.

Con ese objetivo, desde los distintos ámbitos interesados en esta materia –que trasciende el terreno de la energía, alcanzando al del ambiente, la economía y el desarrollo humano–, incluyendo al gobierno nacional, los gobiernos provinciales, sus legislaturas, al sector empresarial y laboral, a las universidades y otros interesados, deberíamos comprometernos a debatir los caminos posibles y consensuar la planificación de aquel óptimo que nos dé mayores certezas de alcanzar un desarrollo energético sustentable. Se trata de una cuestión que no puede postergarse, ya que cada día que pase sin encarar un camino de solución implicará una grave hipoteca para el futuro.

Sin duda, ese logro sería uno de los mejores legados que podamos dejar a las generaciones que nos sucedan en la búsqueda del bienestar común, y los políticos que nos guíen a conseguirlo, más allá de su suerte electoral, recibirán merecidamente la consideración de estadistas por parte de la sociedad en su conjunto.

Por Juan J. Aranguren

Director de la Maestría en Desarrollo Energético Sustentable del ITBA

FUENTE: DIARIO LA NACION

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¿CÓMO OBTENER ENERGÍA A PARTIR DE RESIDUOS?

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En Argentina se generan 16,5 millones de toneladas de residuos por año (el 49% son orgánicos). Mediante la tecnología de la biodigestión podemos aprovecharlos, transformándolos en recursos. (más…)

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BIOMASA Y BIOCOMBUSTIBLES: OBTENER ETANOL A PARTIR DE PAJA Y PLANTAS LEÑOSAS

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Ingenieros del MIT ha encontrado una manera de expandir el uso de una gama más amplia de materias primas no alimentarias para producir etanol, biocombustible limitado por su dependencia del maíz. (más…)

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CONOCE QUE ES LA BIOMASA, LA ENERGIA RENOVABLE MAS BARATA Y CON MENOS EMISIONES

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CONOCE QUE ES LA BIOMASA, LA ENERGIA RENOVABLE MAS BARATA Y CON MENOS EMISIONES

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La materia orgánica es la fuente de energía para hacer biomasa, que a su vez es la fuente de energía renovable más barata y eficiente.

Las energías renovables son una tendencia creciente a nivel mundial. Su éxito, y la necesidad de su desarrollo, se relacionan a varios factores imperantes en la realidad actual, pero esencialmente se concentran en dos. Por un lado, la inminente desaparición de una gran cantidad de fuentes de energía agotable, como el combustible derivado del petróleo, entre otros. Por otro lado, la contaminación ambiental, que se constituye como un problema para todos los países del mundo y para todos sus habitantes, dado que no distingue entre clases, fronteras ni ideologías.

Una de las fuentes de energía renovable que existen actualmente es la biomasa.

Es un término con el que la mayoría de las personas no está familiarizada, pero que se configura como una fuente de energía segura, limpia y eficiente.

¿Qué es la biomasa?

La generación de energía a través de la biomasa es básicamente utilizar la materia orgánica como fuente energética. Esta materia orgánica no es homogénea ni sale de los mismos lugares; esto significa que es heterogénea. Pueden ser desde desechos de agricultura (carozos de aceituna o de algunas frutas, cáscaras de frutos secos, restos de poda de parras, por ejemplo) a restos de madera, como pallets o aserrín. De cualquiera de esos productos mencionados, que la mayoría de las personas desecha, se puede hacer biomasa y generar, así, energía renovable y segura.

Es importante tener en cuenta que se trata del tipo de producción de energía más barata, renovable y con menos emisiones por su forma de combustión. Además, ayuda a mantener limpios los bosques por lo que ayuda en la prevención de incendios.

La biomasa utiliza la materia orgánica como fuente energética. Pero, ¿cómo funciona?

¿Cómo se procesa la biomasa?

Se utilizan calderas donde el material se quema poco a poco, lo que genera también cenizas que pueden ser usadas posteriormente como abono. Si se instala un acumulador, se puede almacenar el calor sobrante generado.

¿Para qué se utiliza?

Su principal uso es para generar calor, y a nivel industrial en ocasiones para electricidad, aunque es un proceso más complejo. Se pueden instalar calderas de biomasa en las viviendas, para obtener calefacción (por loza radiante) y calentar agua.

Ventajas de la biomasa

Así, la biomasa resulta una fuente de energía renovable más barata, segura y eficiente, con menos emisiones y que contribuye al mantenimiento de los bosques o al reciclaje de residuos agrícolas.

¿Qué factores benefician a la biomasa?

-El empleo de la biomasa como fuente alternativa de energía limpia se ha visto considerablemente ayudado por una serie de factores:

-Subida del precio del petróleo

-Crecimiento de la producción agrícola

-El cambio climático

-Aumento de la preparación técnica y el conocimiento científico en la investigación de renovables

-Escenario económico propicio para la explotación de plantas de biomasa.

Por estas razones son muchos los países que optan por hacer uso de centrales de biomasa, siendo Europa el principal foco de actuación con las cinco centrales más grandes del mundo en Inglaterra, Polonia y tres en Finlandina.

Qué otras energías renovables existen

Así como existe la biomasa, también hay otros tipos de energías renovables, que se obtienen de otras fuentes y cuyos usos también son diferentes.

En la naturaleza es posible encontrar una variedad de fuentes inagotables de las que extraer energía.

Energía solar

La energía solar es aquella que obtenemos del sol. A través de placas solares se absorbe la radiación solar y se transforma en electricidad que puede ser almacenada o volcada a la red eléctrica. También existe la energía solar termoeléctrica, que es aquella que utiliza la radiación solar para calentar un fluido (que puede ser agua), hasta que genere vapor, y accione una turbina que genera electricidad.

Energía eólica

En este caso la generación de electricidad se lleva a cabo con la fuerza del viento. Los molinos de viento que están en los parques eólicos son conectados a generadores de electricidad que transforma en energía eléctrica el viento hace girar sus aspas.

Energía hidroeléctrica

La energía hidroeléctrica o hidráulica es otra de las energías alternativas más conocidas. Utiliza la fuerza del agua en su curso para generar la energía eléctrica y se produce, normalmente, en presas.

Biogás

El biogás es una energía alternativa producida biodegradando materia orgánica, mediante microorganismos, en dispositivos específicos sin oxígeno, así se genera un gas combustible que se utiliza para producir energía eléctrica.

Energía del mar

La mareomotriz o undimotriz según si aprovecha la fuerza de las mareas o de las olas, es la producción de energía (eléctrica) gracias a la fuerza del mar.

Energía geotérmica

Energía alternativa que nace en el corazón de la tierra, la energía geotérmica es aquella que aprovecha las altas temperaturas de yacimientos bajo la superficie terrestre (normalmente volcánicos) para la generación de energía a través del calor, pues suelen encontrarse a 100 o 150 grados centígrados.

Biocombustibles: biodiesel a partir de aceite de soja, colza canola o palma, y bioetanol a partir de maiz o caña de azúcar.

Cuatro beneficios de las energías renovables

1- Ayudan a potenciar el autoconsumo

El uso de las energías renovables contribuye a que las casas sean mucho más autosuficientes en su consumo eléctrico. Asimismo, pueden contribuir a que la producción industrial de una gran cantidad de bienes utilice este tipo de energía y sea, al igual que los hogares, autosuficiente y menos contaminante.

Poco a poco muchos países están yendo hacia el fomento de la sustentabilidad como forma de producir energía y como estilo de vida, potenciando medidas como el reciclado, la separación de los residuos, la reutilización de ciertos productos, la reducción del uso de plásticos y combustible.

2- Son energías beneficiosas para el medio ambiente

Desde hace tiempo hay un gran esfuerzo mundial para luchar contra el cambio climático y buscando nuevas vías para cuidar el entorno y hacerlo más sostenible. Un paso importantísimo es el uso de las energías renovables o alternativas a las energías tradicionales. Éstas dañan el medioambiente a través de los residuos que generan y que procedes de la producción de ellas mismas.

3- Son recursos naturales gratuitos e inagotables

Las energías renovables proceden de recursos naturales de acceso gratuito e inagotables. Siempre tendremos agua, viento o sol con los que producir energía limpia. En cambio, la energía generada a partir de combustibles fósiles (carbón, petróleo o gas) dispone de unos recursos limitados y son contaminantes con el medioambiente.

4- Las energías renovables pueden llegar a lugares aislados

Las energías renovables como generan energía a través de fuentes naturales se pueden encontrar en cualquier sitio del mundo; con lo cual, cualquier rincón del mundo puede generar su propia energía y ser autosuficiente.

FUENTE: INFOBAE

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